SUP lamenta la defensa a ultranza del bombero detenido por parte de Madrid y critica que Interior no apoye al policía

Fuente: El diario. SUP lamenta la defensa a ultranza del bombero detenido por parte de Madrid y critica que Interior no apoye al policía.

Ni que te salten un ojo de un pelotazo, ni que le den una hostia a tu chica porque sí, ni que maten a un tipo en la calle a ojos de todos porque se pone chulito, ni que le crucen la cara a un menor ni que… nada justifica una agresión a un policía.

En un comunicado, el sindicato policial ha enfatizado que no hay “nada, absolutamente nada” que justifique “una agresión a un policía”, razón por la que fue arrestado el bombero del Ayuntamiento de Madrid, y ha recordado que se trata de un hecho aislado “sin precedentes” en las relaciones y en el trabajo que a diario desarrollan policía y bomberos.

“No hay nada, absolutamente nada, que justifique una agresión a un policía. Ni los roces competenciales, ni la discusión por cordones de seguridad, ni nada de nada, por lo que la detención se ciñó a la más estricta legalidad”, ha argumentado el SUP.

El sindicato policial lamenta en este sentido la “defensa a ultranza” del bombero por parte del Ayuntamiento “sin esperar siquiera las decisiones en el ámbito judicial” y el “nulo apoyo” al policía agredido por parte de los responsables del Ministerio del Interior y la Dirección General de la Policía. Aunque a esto último, ha matizado el SUP, “ya estamos acostumbrados”.

Por todo ello, ha trasladado la solidaridad y apoyo del sindicato a los compañeros antidisturbios en general y la primera unidad en este caso concreto, así como a los a los compañeros de la Brigada de Información de Madrid (Grupo 21) por su trabajo y “por no ceder ante las presiones que en este caso han recibido”.

 

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Qué está pasando en Burgos

Fuente: El Diario. Qué está pasando en Burgos

Para entender a qué viene la durísima oposición de los vecinos del barrio burgalés de Gamonal a las obras de un aparcamiento hay que remontarse mucho. Al menos un par de décadas.

Ignacio Escolar 

Como siempre que un conflicto estalla, las causas rara vez se pueden explicar con lo que sucedió el día anterior. Para entender qué está ocurriendo en Burgos y a qué viene la durísima oposición de los vecinos hay que remontarse mucho. Al menos un par de décadas, si no más.

Durante años, antes incluso de la llegada de la burbuja inmobiliaria, Burgos fue una de las ciudades con la vivienda más cara de España, solo superada entre las capitales de provincia por Madrid, Barcelona y San Sebastián. ¿La causa? A simple vista parecía inexplicable. Burgos no es ni mucho menos una gran urbe, unos 180.000 habitantes. Su población es estable desde hace años. No tiene tampoco ninguna barrera natural para su expansión: está en mitad de un llano, sin esos límites que en otras ciudades pone la montaña o el mar. No tuvo tampoco un desarrollo económico excepcional: ni es un Silicon Valley, ni ha vivido ningún repunte industrial. Es una ciudad conservadora donde nunca parecía pasar nada, más allá de esa aparente maldición que obliga a la mayoría de los jóvenes a escapar. Conozco bien de lo que hablo. Nací en Burgos, estudié un año allí, en el Instituto Cardenal López de Mendoza, y gran parte de mis compañeros de estudios viven hoy en Madrid, forzados a emigrar por la falta de oportunidades en la ciudad.

Solo hay una razón que explique por qué en Burgos la vivienda se disparó: la corrupción urbanística. Durante años, un constructor y sus amigos manejaron las recalificaciones del Ayuntamiento, que controlaba el Partido Popular. Ese constructor se llama Antonio Miguel Méndez Pozo, aunque todo el mundo le conoce como Michel Méndez Pozo. O como “el jefe”. No solo se dedica al ladrillo. Es también dueño del Diario de Burgos, el periódico más leído y con más influencia en la provincia.

Sus componendas con el Ayuntamiento llegaron a juicio. El propio José María Aznar –entonces presidente de la Junta de Castilla y León y líder regional del partido, además de amigo íntimo de Méndez Pozo– tuvo que declarar por sus estrechas relaciones con el constructor. En 1992, el alcalde fue inhabilitado y Méndez Pozo se llevó la condena más dura: siete años y tres meses de prisión. Solo cumplió nueve meses antes de salir de la cárcel en tercer grado.

La cárcel no fue un obstáculo en la carrera de Michel Méndez Pozo. Al contrario. Tras pasar por la trena, no solo no se convirtió en un apestado sino que aumentó aún más su fortuna, sus relaciones y su poder. Su grupo de comunicación, Promecal, se expandió a Castilla-La Mancha. Allí puso en marcha varios periódicos que fueron muy leales al PSOE hasta que ganó el PP. De paso, sacó tajada: sus empresas constructoras están entre las principales deudoras de la quebrada Caja Castilla-La Mancha. En Valladolid, se alió con el grupo Prisa para lanzar El Día de Valladolid. Y también pactó con su antiguo rival, el constructor José Luis Ulibarri, para montar juntos la televisión autonómica semipública –la paga la Junta– de Castilla y León.

Burgos fue y ha seguido siendo el bastión de Méndez Pozo. Con la ayuda del periódico, se ha impuesto antes y ahora al propio Partido Popular, en una extraña relación donde un hombre que nunca ha sido militante del partido es el auténtico poder. El Diario de Burgos un día calla y al otro se convierte en referente del periodismo de investigación, al destapar un escándalo con la factura telefónica de uno de los concejales del Ayuntamiento, casualmente uno con mala relación con el constructor. De fondo de estos navajazos, un proyecto: el del aparcamiento en el barrio obrero de Gamonal.

El Vallecas de Burgos

Para entendernos, Gamonal es el Vallecas (o El Clot) de Burgos. Un antiguo pueblo en las afueras de la ciudad que acabó anexionado por la capital provincial. El franquismo llevó a Gamonal el mayor polígono industrial de la ciudad y la inmigración rural convirtió el antiguo pueblo en un barrio obrero de aluvión, de inmensos bloques de pisos de ladrillo visto, donde hoy viven cerca de 70.000 personas en el barrio más densamente poblado de la ciudad.

La principal avenida de Gamonal, esa calle Vitoria donde el alcalde quiere construir el aparcamiento, es la antigua carretera N-1, que unía al antiguo pueblo con la ciudad. Por las noches, funciona un pactado sistema de aparcamiento en doble fila. Los vecinos se organizan entre ellos, según sus horarios, para dejar sus coches sin el freno de mano puesto. El barrio, tan poblado, apenas tiene aparcamientos. Cuando se construyó, los obreros no tenían coches. Hoy Gamonal, donde el paro se ha disparado, es el barrio de Burgos donde más se nota la crisis, donde viven las personas más castigadas por la situación económica.

Los vecinos se oponen al aparcamiento porque dejará la vía que une la ciudad con solo un carril en cada dirección –ahora hay cuatro–, y porque se quedarían sin sitio donde aparcar. Los nuevos aparcamientos son muy caros: 19.800 euros por cada plaza, que además no es en propiedad sino en alquiler por 40 años, por lo que después no se podrán vender con facilidad. Además, los vecinos no entienden que esa obra de 8 millones de euros sea la prioridad en un barrio sin apenas equipamientos y en un Ayuntamiento cuyas cuentas están al borde de la bancarrota.

Por supuesto, detrás del aparcamiento en Gamonal hay una sombra, omnipresente en la ciudad: la de Méndez Pozo. Ha sido una de sus empresas quien ha diseñado el proyecto y es la constructora de uno de sus socios habituales quien se ocupará de llevarla a cabo, si es que los vecinos no la logran parar.

El Ayuntamiento confiaba en acabar con las protestas por la vía habitual: a través del silencio en los medios. El Diario de Burgos es de Méndez Pozo y el otro periódico de la ciudad, El Correo, es de su socio en la televisión autonómica, José Luis Ulibarri, otro constructor, imputado en la Gürtel. El Correo, para más señas, se distribuye de forma conjunta con El Mundo. Y estos negocios entre los editores de Madrid y los prohombres del ladrillo explican también por qué el nombre de Méndez Pozo apenas se conoce fuera de Burgos. Sin embargo, el silencio de los periódicos no sirvió esta vez. El Ayuntamiento ha olvidado algo fundamental: que ahora existe Internet y las redes sociales, donde la información es mucho más difícil de controlar.

Gamonal no es muy distinto a otros barrios obreros. Pero nadie podría imaginarse que fuese una ciudad aparentemente tan conservadora como Burgos donde se viviese un estallido así. Los turistas que visitan la Catedral olvidan que un tercio de sus habitantes vive muy lejos del elegantepaseo del Espolón, en el barrio obrero de Gamonal.

Su partido está alarmado y ha llamado a capítulo al alcalde de la ciudad, Javier Lacalle. Su miedo es razonable. Lo que hemos visto en Burgos no es muy distinto a lo que ha pasado antes en otros disturbios como los de Londres o París. O a lo que podría pasar en otras ciudades españolas. Por mucho que el PP quiere mezclar esta protesta con la kale borroka, asegurando que los jóvenes violentos venían de otra ciudad –han inventado el “turismo manifestante”–, la realidad es que los detenidos son tan de allí como la morcilla o la catedral. Es lo que pasa cuando el paro juvenil se dispara y hay una última gota que desborda el vaso.

Dice Noam Chomsky que la violencia nunca surge de la nada. Tampoco en Gamonal.

Los vecinos de Gamonal deciden en asamblea continuar paralizando las obras del bulevar

Fuente: Público. Los vecinos de Gamonal deciden en asamblea continuar paralizando las obras del bulevar.

Unas 5.000 personas, según la asamblea, se han manifestado desde la calle de la protesta hasta la comisaría para pedir que el proyecto urbanístico no se lleve a cabo. Seguirán bloqueando la entrada de maquinaria y trabajadores

Asamblea de los vecinos del barrio burgalés de Gamonal que protestan por la construcción de un bulevar en la calle Vitoria.

Asamblea de los vecinos del barrio burgalés de Gamonal que protestan por la construcción de un bulevar en la calle Vitoria.- EFE / SANTI OTERO

De momento no hay ni máquinas ni obreros trabajando en la calle Vitoria del barrio de Gamonal, en Burgos, en el proyecto urbanístico que pretende construir un bulevar en esa calle y un aparcamiento subterráneo. Y así pretenden los manifestantes que sigan las cosas. La protesta vecinal ha conseguido paralizar las obras y lo seguirán haciendo, según han decidido en asamblea.

Unas 5.000 personas, según la asamblea de vecinos, se han manifestado esta tarde para pedir de nuevo la paralización de las obras, sin que se hayan registrado incidentes tras cuatro días de altercados y con el propósito de seguir con las movilizaciones.

Los vecinos rechazan la conversión en bulevar de un tramo de unos 800 metros de la calle Vitoria, una de las arterias principales de Burgos que une el barrio de Gamonal con el centro de la ciudad, en lo que antes era parte de la carretera N-I y hoy es un tramo urbano.

Tras una asamblea de estudiantes, que ha dejado abierta la posibilidad de convocar huelga en los centros educativos del barrio, y otra asamblea general en la que se ha acordado continuar cortando permanentemente el acceso a maquinaria y trabajadores al lugar de las obras, los manifestantes han marchado desde el citado barrio hasta la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía.

Frente a un dispositivo policial reforzado en las últimas horas, los manifestantes han proferido gritos contra el bulevar y han reclamado la liberación de los detenidos que todavía siguen a disposición judicial a raíz de los altercados de los últimos cuatro días, que desembocaron en total en cuarenta arrestos durante las noches del viernes y el sábado.

De los cuarenta detenidos, dieciséis fueron puestos en libertad provisional ayer y otros cinco acaban de ser puestos de libertad esta tarde, según ha informado el gabinete de comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSLCyL).

Otros siete siguen aún detenidos a la espera de que la titular de el Juzgado de Instrucción número 3, que se ocupa del asunto, tome una decisión.

A ellos se suman otros 11, que son menores de edad, que por lo tanto han pasado a disposición de la Fiscalía y de los que no se ha facilitado datos.

2.000 personas siguen concentradas permanentemente

Desde poco antes 21.00 horas, unas 2.000 personas siguen concentradas en el mismo lugar en el que está prevista la realización de las obras en su primer tramo, que se encuentra desde anoche sin vallas, ya que fueron arrancadas por los manifestantes, que esta mañana las han arrojado a la zanja que las máquinas habían abierto durante el jueves y el viernes pasados.

El objetivo de los vecinos, que celebran asambleas al menos dos veces al día para decidir las siguientes actuaciones que llevarán a cabo, consiste en seguir manteniendo una concentración permanente en el lugar de las obras para asegurarse de que no entra maquinaria ni personal ni de las empresas constructoras.

Además han lanzado un llamamiento para que entre las 6,30 y las 7,00 de mañana martes, 14 de enero, se repitan concentraciones más multitudinarias, al coincidir con la hora a la que suele llegar al maquinaria de las empresas.

El Ayuntamiento seguirá adelante

“La presión violenta de unos pocos no pude doblegar la voluntad democrática”Fuentes del Ayuntamiento han insistido en su voluntad de seguir adelante con las obras y esta mañana han mantenido una reunión con varios colectivos de la zona en la que no se ha producido ningún avance para la resolución del conflicto.

Los gritos durante toda la jornada de protesta de hoy se han centrado en “Gamonal no quiere bulevar”, y en peticiones de dimisión del alcalde, al que los participantes en la protesta acusan de haberse cerrado al diálogo y actuar en contra de la voluntad mayoritaria de los vecinos.

El regidor, Javier Lacalle (PP), explicó ayer en rueda de prensa que los incidentes de los últimos días “no representan a Burgos ni a los burgaleses” y reiteró su intención de continuar adelante con las obras por que “la presión violenta de unos pocos no pude doblegar la voluntad democrática”.

La protesta vecinal se debe a la supresión de plazas de aparcamiento, que se pretenden sustituir con 250 plazas subterráneas, y a la crítica a la inversión de ocho millones de euros en una obra que consideran innecesaria.

Lo importante era la paz

Fuente: El Diario. Lo importante era la paz.

Antón Losada

Lo importante era la paz

Empecemos por dejar algunas cosas claras. La manifestación prohibida en Bilbao se había celebrado en años anteriores sin que nadie cuestionase con éxito su derecho, ni siquiera cuando los presos etarras rechazaban la legalidad de la política penitenciaria española. Hubo acercamientos de presos cuando ETA mataba, los efectuó el gobierno Aznar y también el gobierno Zapatero porque servían como un instrumento para la paz e hicieron bien. Los manifestantes de Bilbao reclaman una aplicación normal de la política penitenciaria a reclusos que ahora sí aceptan su validez y a quienes en un Estado de Derecho no se debe discriminar por motivos de oportunidad política. Defender el derecho a manifestarse no equivale a estar de acuerdo con los manifestantes, ni a situarse del lado de los asesinos. Defender el derecho a manifestarse de aquellos que no te gustan, o la libertad de expresión de quienes dicen cosas que te disgustan, constituye la esencia de la democracia. No sé ustedes, pero yo no estoy dispuesto a vivir en un país donde para ejercer mis derechos civiles primero deba acreditar pureza de sangre, o de ideas, o de sentimientos.

La pregunta pertinente es porqué ahora se ha prohibido esa convocatoria, no se aplica como ya se hizo antes la legislación penitenciaria, o se acusa de complicidad con el terrorismo a quien se inquiete por el derecho a salir a la calle a manifestarse. La respuesta es que antes lo importante era la paz. Ahora parecen contar más otros cálculos aparentemente más rentables que un fin de la violencia que se da erróneamente como amortizado. Hay presidentes y ministros tan convencidos de la derrota de ETA que les importa más el editorial de un periódico o las consignas de una manifestación. Cuando el momento necesita política inteligente, generosidad y visión, parece que se imponen la necedad, el tacticismo y la miopía.

El Partido Popular utilizó el terrorismo contra Zapatero de manera temeraria y miserable. Por intentar lo mismo que habían intentado Mayor Oreja y Aznar, negociar con ETA y acercar presos, se le acusó de traidor y de faltar a la memoria de los muertos. Ahora Mariano Rajoy y su Gobierno han caído prisioneros de ese discurso irresponsable cuando deben hacer lo que hay que hacer para acabar con esto de una vez por todas. No se puede a la vez conceder el tercer grado a presos e indignarse cuando salen de la cárcel. Resulta incompatible y hay que elegir. En lugar de asumir el coste y gobernar para todos, Mariano Rajoy ha escogido gobernar solo para una parte de quienes les votaron.

¿Para qué ha servido prohibir la manifestación celebrada el sábado en Bilbao? Para algo peor que para nada, o para convocar a más gente. Ha servido para que hoy estemos peor. Para que los dirigentes abertzales puedan seguir usando a los presos como causa y elemento de control y movilización de los suyos. Para que el PNV se haya visto empujado por el miedo a ceder terreno ante su competidor por el voto nacionalista. Para que el Partido Popular se enrede aún más en la contradicción entre aquello que debe decir para contentar a su entorno más radical y aquello que debe decidir como gobierno responsable.

ETA ha sido derrotada y no ha conseguido ni uno solo de sus objetivos. Ha costado mucho dolor y sacrificio. Seguir conectando todo cuanto sucede en Euskadi con una supuesta victoria del terrorismo no es un error. Representa un acto de mala fe. La política no puede deshacer el daño y la pérdida causados a las víctimas. Pero debe intentar asegurar que no haya más víctimas. Un gobernante a quien le importe la paz debería preocuparse de que así sea y saber explicarlo, no de prolongar tanto sufrimiento inútil por un puñado de votos.

7 razones por las que protestan los vecinos de Burgos

Fuente: Huffington Post. 7 razones por las que protestan los vecinos de Burgos.

40 detenidos, casi 20 heridos, barricadas y fuego. Los disturbios vividos en el barrio del Gamonal de Burgos en las últimas dos noches han provocado que el foco de atención se centre en la calle Vitoria de la capital, junto al lugar donde se ha comenzado a construir un bulevar. Los vecinos, que rechazan los actos violentos, protestan por la reforma de una calle en esa avenida, pero en realidad hay más razones que han originado la protesta.

Batalla campal en Burgos

1-. La conversión de la calle Vitoria en un bulevar. El Ayuntamiento de Burgos pretende reconvertir parte de la calle Vitoria en un bulevar, limitando el tráfico rodado y priorizando el tránsito peatonal y bicicleta.

¿El problema? Esa calle es una de las arterias principales de la ciudad, por lo que los vecinos argumentan que su peatonalización traerá problemas de tráfico: de los cuatro carriles actuales pasará a tener uno por sentido y se eliminarán las plazas de aparcamiento. Además, la vía tendrá acceso restringido para autobuses, taxis, ambulancias y residentes.

2-. El coste de la obra. La obra tendrá un coste de entre 8 y 13 millones de euros. Los vecinos burgalases entienden que esa no debería ser la prioridad en una ciudad en la hay 18.000 vecinos en el paro. “Es nuestro barrio y un bulevar no es lo que necesitamos”, resume un manifestante.

Como se señala el blog ‘Sombras de ciudad’, los vecinos no entienden que se haga esa inversión “mientras se cierran guarderías”, se “recortan” líneas de autobús o el Consistorio no logra “pagar a proveedores”.

3-. El coste de las plazas de aparcamiento. La reforma incluye también un parking subterráneo, donde cada plaza costará 19.800 euros por una concesión por 40 años. Un precio que, en opinión de muchos vecinos, es totalmente desorbitado teniendo en cuenta que a la vez se eliminará aparcamiento en la calle.

4-. Los vecinos se sienten ignorados. En Burgos se ha creado la plataforma Bulevar Ahora No para protestar contra la obra. Sus integrantes explican que llevan cerca de un año intentado que la obra no se ejecute, pero que el alcalde, Francisco Javier Lacalle (PP), nunca les ha querido escuchar. Afirman que han intentado “por todas las vías posibles” reunirse con él, pero que Lacalle no les ha recibido. De ahí los continuos gritos de “La calle es de Burgos, no Burgos de Lacalle”.

5-. La plataforma Bulevar Ahora No se disolvió. El viernes, la plataforma se disolvió justo antes de que comenzaran los incidentes. “Ya no podíamos hacer más. Nuestro objetivo era concienciar a los ciudadanos, y ya lo habíamos logrado. No conseguimos nada por las vías institucionales y no podemos apoyar a grupos violentos”, explican sus integrantes.

6-. El constructor, un viejo conocido. Los vecinos son reticentes, además, a que el constructor sea Antonio Miguel Méndez Pozo, implicado en un caso de corrupción que terminó con una condena por falsificación documental en el “Caso de la Construcción”, por la que pasó una temporada en la cárcel.

Los vecinos argumentan que Méndez Pozo es el único beneficiado con la obra. El diario Último Cero explica que el propio alcalde de Burgos se vio implicado en 2006 en una polémica al haber realizado un viaje a la Costa Azul francesa con todos los gastos pagados por varios construtores, encabezados por el hijo de Méndez Pozo.

7-. El poder del constructor. Méndez Pozo es propietario de un grupo de comunicación dueño, entre otros periódicos, del Diario de BurgosAlgunos vecinos argumentan que eso le sirve para presionar al equipo de gobierno.