“Me dijo que estaban aplicando el protocolo de seguridad”

Fuente: El Diario. “Me dijo que estaban aplicando el protocolo de seguridad”.

Mar Esquembre es profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Alicante y una reconocida activista feminista. El miércoles pasado, cuando visitaba el Congreso, fue sometida a un cacheo integral en el que dos mujeres policía la dejaron en sujetador y con los pantalones bajados hasta los tobillos. Esquembre está redactando ahora la denuncia que presentará contra las dos policías que la registraron, sus superiores, y contra el presidente del Congreso, Jesús Posada.

Mar Esquembre

¿A qué acudías al Congreso el miércoles, era la primera vez que ibas?

“Ese jueves y viernes tenía un congreso de derecho constitucional en Madrid… Me invitaron a ver la sesión ordinaria de aquel día. … Cuando llegué, subí al despacho de mi amiga a dejar mi maleta, en el edificio de enfrente del hemiciclo. Allí entré con normalidad, pasé por el arco detector, como todo el mundo.”

¿Qué pasó después?

“Cuando me tocó a mí, el ujier me dijo que mi segundo apellido no coincidía con el que él tenía en el listado… en mi DNI éste aún no aparece… la policía nacional que había me dijo que, si quería entrar, tenía que someterme a un cacheo integral. Yo dije que sí, no podía imaginarme lo que iba a suceder, pensé que era un cacheo por encima de la ropa.

¿Fue entonces cuando te llevaron a un cuarto y te pidieron que te desnudaras?

“La chica se puso unos guantes de látex y me llevó a un cuarto anexo. Entonces, entró otra policía, aunque no iba de uniforme. Entonces, me pidió que me quitara la americana. Lo hice. Me dijo que me sacara la camiseta, me la quité y me quedé en sujetador. Le pregunté por qué tenía que hacerlo y me dijo que estaban aplicando el protocolo de seguridad. Estuvieron revisando las prendas y mirando las costuras. En ningún momento me tocaron ni fueron desagradables. Entonces, me dijeron: “se tiene que quitar usted los pantalones”. Les dije que no, pero sí me los bajé hasta los tobillos. Tocaron el contrafuerte de la cinturilla del pantalón. La situación era muy humillante. Yo había decidido colaborar, porque no tenía nada que ocultar, pero ahí yo ya sabía que habían traspasado los límites. Me dijeron que me vistiera y me agradecieron mi actitud.”

¿Ahí acabó todo?

“No, la segunda policía que había entrado me acompañó a la tribuna. Se quedó conmigo todo el rato, con un asiento en medio de distancia. Solo estuve media hora en la tribuna, y ella estuvo todo el rato junto a mí.”

¿Cuándo comunicaste a tus conocidos en el Congreso lo que había sucedido?

“Una vez que entre al cuarto para el cacheo, mi amiga se fue. Bajé de la tribuna porque habíamos quedado a comer y ya se lo conté todo. Alucinaron, y se lo contaron a la gente del grupo socialista. Más tarde me llamó Carmen Montón y quedamos esa misma noche. Le conté lo sucedido y se escandalizó. Ella y Gabriel Echávarri, diputado por Alicante, comenzaron a hacer indagaciones el jueves y a preparar preguntas parlamentarias y un escrito.”

¿Tú has denunciado? ¿Lo vas a hacer?

“Comenté el asunto con compañeros, y hubo gente que me dijo que había que estudiar qué fórmulas legales existían para denunciar esto. El viernes por la tarde regresé a Alicante y me puse a escribir mi artículo. Era algo indignante y quería darlo a conocer. Ahora estoy preparando la denuncia… La presentaré esta semana o la siguiente, contra esas dos policías, sus superiores y contra el responsable último, que es el presidente del Congreso, Jesús Posada.”

¿Crees que fue una medida desproporcionada y que quizá tuvo que ver con la protesta de Femen la semana anterior?

“Fue una medida desproporcionada y una vulneración del derecho a la intimidad. No solo el cacheo, sino que una policía estuviera ya a mi lado permanentemente. No sé qué se pensaba que iba a hacer. No puedo evitar pensar que tiene que ver con lo sucedido con Femen. Tenían mi nombre con antelacion y creo que antes buscan información e investigan, y vieron entonces que mi perfil era claramente feminista. Que yo sepa ser feminista no es delito, pero yo me sentí como una delincuente. ¿Cuáles son los criterios para hacer eso? Es pasmoso cómo están actuando, no podemos permitir esta criminalización constante. Esto es solo un caso, pero hay muchos otros y da miedo ver lo que sucede. En Alicante, por ejemplo, están multando a personas por participar en una manifestación contra el AVE a la que en realidad no acudieron. ”

Somos peligrosas

Artículo publicado por Mar Esquembre el 20 de octubre en el diario Información y en sublog

Lo que les voy a contar hoy no es una historia basada en hechos reales sino la historia de la realidad que viví, o más bien sufrí, hace unos días. Por motivos profesionales tenía que desplazarme a Madrid y quería aprovechar para comer con una amiga y un amigo que trabajan en el grupo parlamentario socialista del Congreso de los Diputados y a quienes hacía tiempo que no veía. A fin de entretener la espera hasta que se liberaran de sus ocupaciones, les solicité unos días antes que me cursaran una invitación para asistir a la sesión plenaria de la Cámara que tenía lugar el miércoles. He estado muchas veces allí pero nunca en las tribunas del Hemiciclo, así que pensé que era la ocasión idónea para hacerlo, aunque los temas de la sesión no me interesaban demasiado. Y aquí empieza la historia.

Mi amiga me acompañó al acceso y el ujier comprobó el listado de invitados, detectando que el segundo apellido de mi DNI no coincidía con el del listado. Aunque ambas explicamos el motivo de la confusión, la policía nacional allí destinada, que mientras tanto se había puesto unos guantes de látex, me comunicó que si quería acceder a las tribunas habría de someterme a un “cacheo integral”. Me metieron en un cuartito adjunto y esa policía, acompañada de otra, me pidió que me desnudase. Sí, como lo leen. Decidí colaborar, a pesar de la gravedad del asunto, pues un cacheo allí se hace con la finalidad de comprobar que no portas armas u objetos peligrosos, pero no requiere despojarse de la ropa. Sólo ataviada con el sujetador de cintura para arriba, me pidieron que me sacase los pantalones. Les advertí que llevaba el tanga más feo del mundo, pero ni por esas. Me bajé los pantalones hasta los tobillos y, aunque no lo exterioricé, me sentí profundamente humillada. Esta sensación no hizo más que agravarse cuando una de las dos policías me acompañó a la tribuna y tomó asiento a mi lado durante la media hora que permanecí allí. Hacía una semana exactamente que desde ese mismo lugar las activistas de Femen habían reivindicado el derecho al aborto con sus torsos pintados. No puedo evitar sospechar que fui investigada previamente. Las mujeres que defendemos pacíficamente nuestros derechos somos, por lo visto, peligrosas. Y creo por ello fui tratada como una delincuente aun sin haber cometido delito alguno.

Al día siguiente Ana Botella y Rita Barberá ocuparon esa misma tribuna, pero no creo que pisoteasen sus derechos fundamentales a la integridad moral y a la intimidad como lo hicieron con los míos. Que yo sepa, la Constitución sigue vigente, así que voy a denunciar al responsable: el Presidente del Congreso.

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